Un nuevo estudio federal indica que el pescado importado de otros países, como China, Indonesia, Vietnam y Tailandia, contiene niveles potencialmente peligrosos de residuos de medicamentos, que pueden causar reacciones alérgicas o incluso cáncer en los consumidores.
El estudio, realizado por la Oficina General de Rendición de Cuentas (GAO), se basa en el hecho de que aproximadamente el 90 % de todos los productos del mar que se consumen en Estados Unidos provienen del extranjero, y aproximadamente la mitad son de piscifactorías.

La GAO presenta el ejemplo de Hawái, donde el año pasado alrededor de 300 personas contrajeron hepatitis A después de comer sushi de vieiras de Filipinas. Otro problema se produjo en mayo, cuando ahi congelado de Indonesia dio positivo para la hepatitis A.

La oficina federal concluye que las agencias que se supone deben proteger a los consumidores estadounidenses -la FDA y el Ministerio de Agricultura (USDA)- no están haciendo lo suficiente para evitar que productos pesqueros contaminados lleguen al mercado estadounidense. Ambos organismos atribuyen a sus recursos limitados este problema continuo, en un momento en que las importaciones de productos del mar están aumentando.

Investigadores de la GAO encontraron que la FDA estaba inspeccionando solo alrededor del 2 % de los productos de pescado procesado, y que menos del 1 % de las muestras tomadas también fueron analizadas para buscar residuos peligrosos de medicamentos.

También recalcan que de esa pequeña cantidad analizada, dieron positivo para los residuos de medicamentos aproximadamente el 12 % de los langostinos, alrededor del 11 % de la tilapia y del 9 % del bagre, mientras que no se encontraron residuos de drogas en las muestras de salmón.

Además, la GAO descubrió, de una muestra de 74 informes de inspección que revisaron sus investigadores, que funcionarios de la FDA habían visitado solo una granja acuícola en el extranjero para ver cómo y dónde se criaban los peces.

Por su parte, Patty Lovera, subdirectora de la organización Food & Water Watch, reconoció que las leyes estadounidenses son "más estrictas en materia de drogas" para el consumo de los animales que otros países extranjeros.

La ambientalista explicó que consumir pescado tratado con antibióticos podría hacer que las personas que los comen sean más susceptibles de ser víctimas de bacterias resistentes a los medicamentos.

Lovera sostiene que darle a la FDA más recursos para controlar la calidad de los pescados importados podría ayudar a resolver el problema, pero que el estancamiento del presupuesto en Washington lo hace poco probable.

En su opinión, el problema no es solo el dinero, y señaló que la FDA tiene una reputación de cumplimiento menos estricto en materia de inocuidad de los alimentos que el USDA, que recientemente comenzó a inspeccionar el bagre, a pedido de la industria estadounidense del bagre.

"Es un tema de recursos y un tema de voluntad política en la FDA", afirmó Lovera.

Fuente: fis.com